LA RIQUEZA DESPUÉS DEL COVID

¿Alguna vez se han preguntado cómo hizo Jesús para desarrollar su misión en la tierra? Empleó a 12 personas, al menos, a quienes alimentaba; realizó con ellos varios viajes, y se hospedó en distintos lugares, y, aunque en algunas oportunidades fue invitado, es seguro que a veces esas cosas tuvieron un costo. Que sepamos no tenía patrocinadores, y sin embargo, tenía tesorero. La Biblia no menciona con qué dinero se financió la obra de Jesús durante los 3 años que duró. No obstante, tampoco sabemos mucho sobre lo que hizo entre su adolescencia y los 30 años de edad: nosotros creemos que con sus habilidades como carpintero y artesano, pudo haber trabajado como cualquier ser humano, y construyó la libertad financiera para desarrollar su tarea en un tiempo en el que no percibiría ingresos de un trabajo.



Algunos de nosotros construimos una vida económica con base en los ingresos que obteníamos con regularidad del trabajo, pero, ¿qué pasa ahora si no podemos trabajar? Disminuimos gastos a los mínimos posibles, dejamos de gastar en cosas que ahora consideramos innecesarias, y si se extiende la crisis, empezaremos a vender lo que hemos adquirido o a contraer mas deudas para subsistir.

Es indudable que las finanzas personales y familiares han resultado afectadas como consecuencia de la cuarentena impuesta tras la entrada del covid-19 al mundo; sus efectos no están relacionados con que alguien haya contraído o no la enfermedad: la pandemia y sus efectos económicos está sobre todos por igual. Sin embargo, es evidente que la forma en que termina impactando es distinta: para muchos se trata de sobrevivir mientras exponen su vida,  para algunos es perder los ingresos suficientes para mantener el nivel de vida acostumbrada, y otros pocos están pendiendo del hilo de lo ahorrado.

Ahora más que nunca se hace evidente la brecha existente entre pobres y ricos. El afán, el ruido y la rutina diaria terminaron siendo una especie de cortina que nos impedía ser conscientes de ese abismo, y sin embargo, la actualidad nos enseña que el dinero es más importante de lo que creíamos. Del comportamiento y la actitud que tuvimos durante años con respecto a él han emergido las consecuencias.

La economía actual se basa en el siguiente paradigma: la riqueza se mide por la acumulación de bienes que obtenemos, y, por lo tanto, terminamos midiendo nuestro bienestar con base en la cantidad de cosas que conseguimos a lo largo de los años. Sin embargo, esa idea está a prueba; entre otras cosas, porque la mayoría dejamos de percibir ingresos, pero las deudas contraídas para adquirir esas cosas no se desvanecen, y es probable que esos bienes estén perdiendo su valor.

La realidad de Jesús y el tiempo que estamos viviendo puede enseñarnos algo sobre nuestras finanzas: la riqueza es tranquilidad, y, por lo tanto, se mide en el tiempo que podemos mantener nuestro nivel de vida sin tener que trabajar. En el mundo postcovid-19 podríamos tener un nuevo sentido sobre la riqueza, y darnos cuenta que, en realidad, para tener libertad financiera, el problema mayor no es el ingreso que tengamos, sino la administración que hacemos de él. 

Quizá ahora que podemos ser conscientes de la importancia sobre cómo usamos nuestro dinero, también tengamos una visión distinta sobre la riqueza. Tal vez ahora dejemos de medirnos por la cantidad de bienes que acumulamos y seamos familias realmente prósperas, trabajando no solamente por sobrevivir, sino que, siguiendo el ejemplo de Jesús, lo hagamos para desarrollar una misión sobre esta tierra y, en el camino, ser felices.

Al respecto, las palabras de Pablo tienen mucho por enseñarnos: 
"»Yo nunca he codiciado la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes saben que mis dos manos han trabajado para satisfacer mis propias necesidades e incluso las necesidades de los que estuvieron conmigo. Y he sido un ejemplo constante de cómo pueden ayudar con trabajo y esfuerzo a los que están en necesidad. Deben recordar las palabras del Señor Jesús: “Hay más bendición en dar que en recibir”». Hechos 20:33-35

¿Algo adicional? escucha el mensaje Los ricos también van al cielo de Daniel Habif dando click al enlace. 

Comentarios

  1. Realmente hoy a mis 57 años de edad, solo tengo es palabras de gratitud con Dios. Gracias Dios por las bendiciones y sueños ya cumplidos y si me das más bendiciones quiero que sean manejadas; conforme a tu voluntad y no la mía. Tu me has dado un don grande y es el don de dar, y este don me hace muy feliz. Quiero la victoria y es la eternidad Padre Todo Poderoso.

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  2. "Hay más bendición en dar que en recibir", que tan importante también es en administrar nuestros recursos, en ahorrar, en no gastar más de lo indispensable, ya que con estos recursos podemos brindar ayuda a otros, que bendición es saber ahorrar, saber administrar...

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